Los consumidores han evolucionado, cambiando permanentemente en su comportamiento de consumo ya que tienen acceso a información que les permite virar y pivotear con facilidad, se hacen más exigentes día a día mientras. Las empresas vienen siendo atrapadas en propias y complejas redes de burocracia haciendo que no se encuentren al ritmo del cambio.

La globalización exige agilidad y flexibilidad, por consiguiente aquellas empresas que no se adapten, que no cuenten con políticas de reducción de procesos, que mantengan viejos paradigmas y sean víctimas del temor al cambio, están destinadas a perecer en el corto plazo.

Las empresas de “mañana”, hoy, deben iniciar analizando procesos actuales, planificar y gestionar los cambios necesarios para hacerlos menos burocráticos, dichos procesos deben tener un mayor grado de informalidad, además de incentivar a quienes lideran y gestionan los mismos, ha que sean lideres proactivos, proyectados ante las oportunidades y amenazas, con una menor aversión al riesgo en la toma de sus decisiones.

Decirlo, suena sencillo definitivamente no es un paso fácil, todo cambio es un proceso complejo que requiere de una gestión eficiente y como no queremos que este artículo sea una retórica de buenos deseos sugerimos hacer lo siguiente:

Primero debemos hacer el reconocimiento de la situación actual, ojo, no sólo se trata de conocer sino de reconocer, es decir ser conscientes de la necesidad del cambio, saber la factibilidad de generar nuevas políticas y de poder gestionar el cambio, para ello la mejor manera es identificando los síntomas y problemas en la actualidad.

Debemos preguntarnos, ¿cuál es el grado requerido de especialización en cada uno de nuestros procesos, los procesos actuales podrían ser realizados por todos los miembros de la empresa y cuál es la medida de su complejidad, sería posible que nuestros colaboradores vayan en contra de las teorías de Ford y desarrollen habilidades holísticas haciéndolos capaces de asumir cualquiera de los procesos en la empresa y con ello dejar de lado toda posibilidad de colaboradores imprescindibles en relación a los procesos?.

¿Seremos capaces de desarrollar habilidades holísticas en los colaboradores que nos permitan una visión más completa y eficiente?, ¿las diferentes áreas son conscientes de las limitaciones y efectos en sus decisiones en relación con otras áreas?, es decir ¿se requieren de exhaustivos análisis de cada área antes de tomar una decisión o estas ya contempla las diferentes variables desde una óptica holística para sumar puntos en la flexibilidad organizacional?, también debemos preguntarnos ¿cuáles procesos tienen un alto grado de rigidez en relación a la toma de decisiones, es decir ¿cuántas jerarquías existen en nuestro organigrama, qué tan formales son, existe delegación y confianza con los mandos medios?, debemos conocer el grado de accesibilidad a la información preguntándonos ¿son capaces de estar informados en un tiempo relativamente similar, la alta gerencia y las demás jerarquías?.

Con ello completaremos un primer paso en la gestión del cambio, conocer y reconocer el grado de dificultad de hacer de nuestra empresa más flexible, ágil y acorde al siglo XXI.

El siguiente paso es iniciar el cambio, de lo sencillo a lo complejo, muchas empresas filosofan sobre la necesidad del cambio y generan complejos análisis con estructurados planes de acción, pero nunca dan el gran salto o en el mejor de los casos cuando pretenden darlo “el mundo ya cambio”, en tal sentido iniciar con cambios sencillos, virando, pivoteando, evolucionando y en la acción perfeccionando la estrategia es la mejor manera de encontrarte inmerso en lo que es necesario para sobrevivir en la velocidad de nuestros tiempos.