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El Presidente de Brasil, Michel Temer, quien reemplazó a Dilma Rousseff luego de que ésta fuera destituida por el Senado de ese país debido a los serios cuestionamientos de corrupción, parece vislumbrar un panorama similar al de su predecesora.

Las cosas no van bien. Dos serios escándalos de corrupción con evidentes pruebas lo tienen entre la espada y la pared. A pesar de las contundentes revelaciones, Temer ha asegurado que no renunciará al cargo que ostenta.

El primero tiene que ver con un posible financiamiento de la empresa constructora Odebrecht, tanto a la candidatura de su predecesora como para él, que entonces era candidato a la vicepresidencia. El empresario Marcelo Odebrecht ya ha revelado que su compañía donó 48 millones de dólares, de los cuales una tercera parte tenían un origen ilícito.

Si el Tribunal Supremo brasileño lo encuentra culpa luego de todas las apelaciones, será destituido y el Congreso nombrará a su sucesor. Este último ocupará el cargo hasta el final del mandado en enero de 2019.

El segundo cuestionamiento tiene que ver con coordinaciones nada correctas con el magnate de la industria alimenticia Joesley Batista.

Batista confesó a Temer que le pagaba al exdiputado Eduardo Cunha, hoy detenido, para comprar su silencio en el caso Petrobras. Luego de oír esta confesión, el presidente dijo: “Tienes que mantener eso (los pagos), ¿vale?”.

Temer le sugirió a Batista empresario hablar con el diputado federal Rodrigo Rocha Loures, para que le ayude a solucionar en una disputa legal con la estatal Petrobras.