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Alejandro Cavero Alva
Editor de Opinión de Lucidez.pe @AlejandroCavero

Quienes me conocen saben que soy un aficionado a las series de política norteamericana, especialmente las que se sitúan en la Casa Blanca: The West Wing*, House of Cards, Scandal, 24, Designated Survivor, entre tantas otras. Una cosa que siempre he admirado de la institución de la presidencia de Estados Unidos, es lo muy bien estructurada que está su organización. Hay un responsable para todo: el secretario de prensa que evita que el presidente tenga que lidiar cotidianamente con los periodistas (Jimmy Chinchay metiéndole el micro por la oreja, por ejemplo), el escritor de discursos que evita que diga tonterías, los secretarios cada uno en su cartera, los vicepresidentes cuyo rol termina siendo el lidiar con el Congreso y, por supuesto, el Chief of Staff (jefe de personal), quien no solo es el hombre de confianza del presidente y gestor administrativo de la Casa Blanca, sino además su asesor político más valioso.

En esta columna quiero centrar mi reflexión en la figura de este último cargo. En el Perú, de acuerdo a nuestra Constitución, el presidente del Consejo de Ministros es quien cumple una función que podría asemejarse: es quien “coordina las funciones de los demás ministros”. Sin embargo, la realidad nos ha demostrado cuán lejos están ambas figuras.

A diferencia del primer ministro, un Chief of Staff es alguien que se encuentra permanentemente al lado del presidente. Su oficina queda, literalmente, al lado de la Oficina Oval y no está a cargo de ninguna institución propia salvo la propia Casa Blanca. En nuestro país, el Jefe del Gabinete es una suerte de “presidente ejecutivo” que tiene un ministerio (la PCM) y una agenda política propia, que muchas veces polemiza con la del  mandatario. Asimismo, el premier no está todo el tiempo con el presidente, sino que cumple sus propias actividades y funge de portavoz en los medios.

Yo siempre he sido partidario de tener un Chief of Staff en Palacio de Gobierno que cumpla las siguientes funciones: ser el asesor político permanente del presidente y ocuparse de los temas domésticos de la casa de gobierno. Una suerte de secretario general de palacio (una figura hoy casi inadvertida en la estructura del Ejecutivo) pero con más peso real e influencia como la que podría ostentar un primer ministro. Esto tendría como resultado que el Jefe de Estado tenga permanentemente a su lado a una persona de peso en la que confíe y que lo pueda aconsejar en los avatares políticos del día a día.

Así, por ejemplo, le hubiera podido susurrar al oído en un evento partidario hace algunas semanas la inconveniencia de atacar al fujimorismo la misma semana que se habían sentado a entablar un diálogo, o que le hubiera dicho al mandatario que quizá no era buena idea hablar con la prensa el mismo día que se destapó el escándalo Moreno y donde se vio forzado a inventar una excusa ante la pregunta por la repentina salida de su asesor. Y es que, justamente, los asesores políticos y ejecutivos, a diferencia de una figura sujeta al control del Congreso y al escrutinio de la opinión pública (en tanto portavoz) como lo es el primer ministro, tiene la versatilidad para aconsejar a un presidente con mayor discreción y efectividad, sobre todo de manera más permanente. Y, más aún, cuando se trata de un mandatario con escasa sabiduría política.

El presidente necesita a su lado un consejero. De peso. Real. Que lo acompañe las 24 horas del día los 7 días de la semana y que funja como mano derecha política y ejecutiva. Esa es la figura de un Chief of Staff que deberíamos tener en el Perú. La figura del primer ministro ha demostrado no poder cumplir este papel a cabalidad, y debería conservar su rol de ser el coordinador entre los ministros y de portavoz ante la prensa y el Congreso.

En Estados Unidos, por ejemplo, el nombramiento del Chief of Staff es un acontecimiento muy importante porque determina el rumbo de lo que será la futura administración del Ejecutivo. En un gobierno que, por el momento, parece no tener rumbo, la creación y marcha de un puesto de este tipo podría dar muy buenas señales de dirección.

*La mejor serie de todos los tiempos.

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