Javier Ponce Gambirazio

Psicólogo clínico, escritor y cineasta. Con siete libros publicados y varios documentales, ha sido catedrático de la Facultad de Psicología y de las maestrías de Medicina y Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

Es difícil imaginar cómo sería la comida peruana si, resguardada en su esencia purista, no se hubiera dejado influenciar por la diversidad de sabores, condimentos y cocciones de chinos, negros, españoles y moros. Felizmente estuvo en manos elásticas que, gracias a su malcriada y constante promiscuidad, generó todo un universo de alternativas y propuestas hasta convertirse en una de las mejores cocinas del mundo. Así como en la culinaria, la música y la genética, la fusión enriquece, y cualquier investigación que aborde una materia de manera multidisciplinaria tendrá más probabilidad de llegar a la verdad.

Los sistemas homogéneos que se encierran a contemplar su propio ombligo terminan debilitándose frente a los inevitables cambios de la historia. Y desaparecen. Por un breve tiempo permanecen aislados en la ilusión de haber conservado las reglas y costumbres con las que se sentían identificados y protegidos. Pero pronto la burbuja se revienta y civilizaciones enteras se vienen abajo por su incapacidad para adaptarse. El problema radica en la cabeza. El cerebro parece diseñado para ahorrar energía y no pensar. Por eso se aferra a las consistencias y la predictibilidad (los prejuicios) que le permiten automatizar las respuestas. Pero, como decía el grafiti colombiano, justo cuando te sabes las respuestas a la vida, te cambian las preguntas.

En épocas de guerra, esconder comida debajo de la cama puede ser acertado. Pero cuando la escasez termina, seguir haciéndolo es patológico. Hay estrategias que caducan con el tiempo. Y la homofobia es una de ellas, porque no somos un peligro (nunca lo fuimos). Al contrario. Quien ha visto la realidad desde la otra esquina, puede aportar una perspectiva distinta que ayude a solucionar cualquier problema de manera más eficaz.

¿En serio vas a seguir atacando a quien te podría aportar? Te invito a tomar distancia de esa collera de clones ideológicos que te impide ver más allá, exigiéndote no pensar para pertenecer. No sabes lo que te estas perdiendo por guarecerte bajo ese patético filtro que solo acepta información que confirma lo que ya crees. Los grupos repiten recetas para conservarse, por eso descalifican aquello que podría socavar su esencia. Sal de ahí, sacrifica tu molicie, acepta aquello que te obliga a moverte. Conéctate con otros y aprende. Abandona tu dogma, fortalécete y crece. Tranquilo, no te van a salir plumas. Te prometo que valdrá la pena. ¿O te vas a quedar arrinconado detrás de los visillos, cebando el miedo, la flojera y la comodidad?

Quizás añoras la época en la que los diferentes estábamos obligados a la camaleónica deshonestidad de mimetizarnos hasta volvernos invisibles, creando la ilusión de que todos éramos iguales y no había de qué preocuparse. Nosotros nos adaptábamos y el resto, no. Pero eso se acabó. Actualízate. No pretendas vivir como si el tiempo se hubiera congelado. Hoy la mirada ajena te obliga a pensar antes de disparar. Y eso es bueno, incluso para ti.

Pero esto es una invitación para ambos lados. Porque de nada sirve encerrarnos en un micro mundo donde no hemos aprendido a relacionarnos con quien nos desaprueba. Estamos en la obligación de hacer ese esfuerzo adicional para hacernos entender con claridad. Aprendamos a lidiar con el temor ajeno y la ignorancia. Y revisemos de manera constante nuestros procedimientos. Porque siempre existe la posibilidad de no estar haciendo lo correcto, de que existan mejores maneras de alcanzar los objetivos. Es muy sano cambiar de canal. Ampliar la programación. Es tiempo de redes, no de rebaños cerrados. Lo contrario es podrirse en la silenciosa esquinita de la autocomplacencia y el rencor.

Foto: IRVIN VILLALBA

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