Eduardo Herrera Velarde

Consultor en prevención penal y estrategias de lucha contra la corrupción.

Según un informe de Gaceta Jurídica del año 2014, en el Perú se emiten al anualmente un promedio de 20 mil normales legales. Casi una media de 06 normas por minuto.

Ante una estadística como utilizo frecuentemente la siguiente analogía para graficar nuestra dependencia legislativa: si hubiese un mundial de normas legales, no hubiéramos recurrido al repechaje. Muy probablemente hubiéramos clasificado en los primeros puestos.

Ayer se aprobó en el Congreso una ley mediante la cual se prohíbe a los sentenciados por corrupción, violación sexual y terrorismo a postular en las próximas elecciones. Primera pregunta ¿esto quiere decir que un sentenciado por estafa, por ejemplo, podría postular válidamente?

Hace pocos días el MIDIS emitió otra norma legal mediante la cual prohíbe usar los programas sociales para beneficios electorales. Segunda pregunta, y esta vez también abarca lo expuesto en el párrafo anterior, ¿es necesario una norma legal para esto? Agrego ¿no es esto -en realidad- un asunto de integridad de los partidos políticos?

Ambas normas tienen, si apreciamos con algo de detenimiento, una finalidad que refleja un hecho patente: tenemos una democracia turbia, apoyada en sinuosas bases que lindan con lo corrupto. Está reconocido, existe el riesgo de que los gobernantes se aprovechen de recursos del Estado para conseguir beneficios electorales (la norma del MIDIS lo reconoce expresamente) y, por lo otro lado, también está reconocido que no hay ningún control, ni institucionalidad en los partidos políticos (la primera norma lo reconoce). Y algo aún más triste, para agregar por si no fuera poco con lo anterior, no sabemos elegir.

La desesperación de no comprender el problema y, por ende, no poder solucionarlo, nos lleva a recurrir a la ley como un antídoto infalible a todos nuestros problemas. Esta práctica tiene un aspecto colateral sobre el cual no me voy a extender esta vez, pero que refleja otro asunto de fondo: la norma (la ley) no se cumple porque no (siempre) existe autoridad que la haga cumplir; lo que los gringos llaman “enforcement”. La lucha, la reforma pendiente.

Algunos celebran la expedición de normas como estas porque las consideran un triunfo. A mí me avergüenza algo semejante. Hablando en los mismos términos futboleros, me sabe a festejar un empate de local.

Es curioso ¿no? En un país en donde no se cumple la ley, pretendemos solucionar todo con leyes.

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