Verushka Villavicencio
Interesada en fomentar la creación de una sociedad que incluya en sus servicios y espacios a todas las personas respaldada en la defensa y promoción de derechos.

Si tenemos hijos y vamos al parque con ellos podremos sentirnos afortunados porque somos parte de su aprendizaje a través del juego. Pero, pensemos en los padres con hijos con discapacidad, ¿alguna vez hemos visto a un niño en silla de ruedas disfrutar de un columpio en un parque público? Si alguno lo hemos visto, es probable que el recuerdo sea la de un niño sentado en su silla mirando a otros jugar.

En Perú tenemos 1575,402 personas con discapacidad según la encuesta de Encuesta Especializada del INEI del 2012, de los cuales 129,796 tienen menos de 15 años. De todos ellos 506,000 tienen una limitación fuerte para entender y aprender. Significa que para poder conocer el mundo requieren de condiciones que faciliten su integración, es decir, necesitan salir al parque y usar  juegos que les permitan efectuar la misma experiencia que los otros niños: sentir el aire mientras se mecen en un columpio; experimentar la adrenalina en la velocidad de un tobogán; percibir el ambiente soleado mientras juegan a las escondidas en un laberinto, etc.

Y es que jugar incentiva nuestra percepción del mundo vinculándose a nuestro desarrollo del conocimiento.

El pasado 5 de julio el Congreso aprobó la Ley N°30603 que garantiza el derecho al juego y la accesibilidad urbana para niños, niñas y adolescentes con discapacidad. La norma propone modificaciones a la Ley General de Personas con Discapacidad con un valioso aporte: la adecuación progresiva de juegos infantiles para niñas y niños con discapacidad a nivel nacional.

Significa que los gobiernos regionales y locales tendrán que resolver la tarea pendiente de volver accesibles los parques públicos, con rampas adecuadas, señalizaciones, servicios higiénicos y circuitos accesibles así como juegos infantiles para el uso de las niñas y niños con discapacidad.

Esta ley vincula el derecho al juego de los niños con discapacidad al uso y disfrute de un espacio público que los incluya junto a los demás niños. Es un avance importante que condiciona el gasto público de los gobiernos regionales y locales a la implementación de un servicio humano. Aquí el impacto de la política pública podrá medir la cantidad de juegos instalados adecuadamente y el nivel del uso de los niños y niñas con discapacidad.

Ahora cuando volvamos a pensar en nuestros hijos subiéndose a un tobogán pensaremos también que puede tener a un compañero con discapacidad física, visual, auditiva o cognitiva a su lado. Y es que la inclusión no es sólo tarea del Estado, sino de todos los ciudadanos que aprenderemos a vincularnos con los padres de niños y niñas con discapacidad. Aprenderemos a enseñarles a nuestros hijos a que jueguen con ellos acondicionando su lenguaje verbal y corporal. Sobre todo, comprenderemos que si bien somos diferentes, esta diferencia nos integra y construye una cultura de inclusión.

Recientemente en Estados Unidos, Texas se ha inaugurado el primer parque acuático del mundo para niñas y niños con discapacidad. La idea surgió porque el filántropo Gordon Hartman -que ya había inaugurado en el año 2010 junto a su esposa el parque “Morgan’s Wonderland”-, concluyó que debía avanzar hacia la inclusión. Este parque acuático tiene pulseras a prueba de agua que ayudarán a los padres a saber dónde están sus hijos, sillas de ruedas también a prueba de agua, y un área donde la temperatura del agua será ajustada para satisfacer a aquellas personas que sean sensibles al frío. Hartman creo este parque inspirado en su hija con discapacidad y su fundación que cuenta con una escuela para estudiantes con discapacidad, es el ejemplo claro de hasta dónde puede llegar un padre por amor. Y aunque no tengo hijos, sueño con un mundo mejor para todos los niños con y sin discapacidad, en el cual podamos disfrutar y usar los mismos espacios públicos y servicios, siendo realmente felices.

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