Alfredo Gildemeister
Abogado Ph.D. Universidad de Navarra – Catedrático de la U. del Pacífico

Aquella tarde del primer viernes de abril de 2005, Joaquín no dejaba de observar atentamente y con suma tristeza, como la vida iba abandonando poco a poco al hombre con el cual había trabajado desde hacía más de veinte años. No podía creer que Juan Pablo II se alejaba de su lado, agonizaba, cada vez su respiración se hacía más dificultosa. Y pese a todo estaba consciente y atento a todo, como siempre lo estuvo durante su pontificado. Joaquín no pudo dejar de recordar tantas cosas que pasaron juntos. Su memoria retrocedió hasta aquél 16 de octubre de 1978, cuando un casi desconocido cardenal polaco fuera elegido papa. Quien diría que terminaría trabajando tantos años a su lado y que marcaría para siempre su vida y su destino. Efectivamente, todo cambiaría desde aquel lejano año de 1984, cuando Juan Pablo II lo nombró nada menos que ¡director de la Oficina de Prensa del Vaticano! Han recorrido tantos caminos juntos. Momentos maravillosos y momentos dolorosos, pero inolvidables. Joaquín Navarro-Valls le agradece a Dios por haber tenido el privilegio de vivir y trabajar al lado de un hombre de la envergadura del hoy ya santo, San Juan Pablo II. Al día siguiente sábado 2 de abril de 2005, fallecía San Juan Pablo II. Han pasado poco más de doce años desde aquella tarde de abril. El pasado miércoles 5 de julio, Joaquín entregaba su alma a Dios. Con una gran paz interior y siempre teniendo presente a San Juan Pablo II del que tanto aprendiera, Joaquín dejó este mundo para pasar a la verdadera vida. Pero ¿Quién fue Joaquín Navarro-Valls? Es bueno saber quién fue este hombre que pasó tantos años al lado de ese gran santo que fue San Juan Pablo II.

Joaquín nació en Cartagena (España) un 16 de noviembre de 1936. Al poco tiempo de iniciarse la terrible guerra civil española. Frecuentó la “Deutsche Schule” de Cartagena y realizó sus estudios superiores en las facultades de Medicina de las Universidades de Granada y Barcelona. Fue ayudante en la Facultad de Medicina de la Universidad de Barcelona y encargado del Servicio Policlínico en el departamento de Patología Médica. Siendo estudiante de Medicina en Granada, pidió ser admitido en el Colegio Mayor Albayzín. Curiosamente, durante aquellos años universitarios, se dedicó bastante al teatro, no solo como espectador, sino sobre todo como actor. Quien diría que años más tarde trabajaría al lado de otro hombre también amante del teatro y actor, como lo fue San Juan Pablo II. Terminada su carrera en Barcelona, Joaquín regresó a Granada. Entre tanto, al volver a la ciudad andaluza, se le encomendó precisamente la dirección de aquel mismo Colegio Mayor en que había sido residente.

Una vez terminada la carrera de Medicina, Joaquín se especializó en Psiquiatría. Al mismo tiempo, comenzó con los estudios de Periodismo en la Universidad de Navarra, pues siempre le atrajo la literatura, terminando la carrera en 1968. Quien diría que esa segunda profesión sería la que le uniría al hombre que marcaría para siempre su vida: San Juan Pablo II. En los años sesenta, colaboró generosamente en la puesta en marcha de diversas iniciativas apostólicas, sociales y educativas en Cataluña y Aragón. Los directos promotores del Colegio Xaloc, en L’Hospitalet de Llobregat, la ciudad más populosa del cinturón obrero de Barcelona, no han dejado de poner de relieve cuánto deben al impulso tenaz y optimista que recibieron, en aquellos primeros momentos, de Joaquín Navarro-Valls. También fue uno de los impulsores del inicio de la labor formativa con familias en la ciudad de Tarragona.

A inicios de los años 70 comenzó a ejercer a fondo su carrera de comunicador. Se trasladó a Roma en donde colaboró con san Josemaría Escrivá en las tareas de comunicación del Opus Dei. Fue así como tuvo que informar de su fallecimiento (26 de junio de 1975) y de la elección del sucesor, el ahora beato Álvaro del Portillo. Al mismo tiempo, trabajó como corresponsal del diario español ABC. Ese cargo comprendía los países del Mediterráneo oriental, por lo que viajó con frecuencia a los países de Oriente Medio. En 1983 fue elegido presidente de la Stampa Estera, la asociación de corresponsales extranjeros en Roma. Como ya indicáramos, finalmente en 1984, san Juan Pablo II le nombra director de la Oficina de prensa del Vaticano. Desde ese momento Joaquín quedará unido a san Juan Pablo II hasta ese sábado 2 de abril de 2005 en que fallecía este gran santo. Luego de la elección de Benedicto XVI, Joaquín continuaría desempeñando el mismo cargo durante los quince primeros meses de su pontificado. Su trabajo al lado de san Juan Pablo II le llevó a tratar y resolver asuntos muy delicados y de suma importancia para la Iglesia y para el mundo, como cuando se le encargó misiones delicadas ante figuras como Gorbachov o Fidel Castro. De otro lado, también tuvo la suerte de acompañar al papa en sus vacaciones de verano, paseos y caminatas por las montañas, algo que al papa le encantaba.

El haber tratado tanto a san Juan Pablo II le hizo convertirse, junto con el secretario personal del papa don Stanislaw Dziwsz, hoy cardenal, uno de los hombres de más confianza del papa. Por ello, Joaquín sentía una gran veneración por su santidad. En 1993 declaró lo siguiente: “Soy consciente de que tendré que rendir cuentas a Dios por la inmensa suerte de haber podido trabajar cerca de un hombre, en cuyo entorno se palpa la existencia de la gracia. Mejor dicho, se palpa en la hondura de su oración, y en las decisiones que toma como consecuencia de esa oración”. En 2006, al cumplir setenta años, fue relevado del cargo por el jesuita Federico Lombardi. Luego colaboraría por algún tiempo como columnista del diario La Repubblica y en varias televisiones italianas e internacionales. En los últimos años de su vida, desde enero de 2007, fue presidente del Advisory Board de la Universidad Campus Bio-Medico de Roma.

El pasado miércoles 5 de julio falleció a causa de un cáncer de páncreas. En la Misa del funeral de Joaquín se leyeron dos cartas enviadas por el arzobispo emérito de Cracovia, cardenal Stanislaw Dziwsz, y por el prelado del Opus Dei, Mons. Fernando Ocáriz. El primero señaló: “No dudo de que lo unía a san Juan Pablo II no solo la colaboración profesional, sino también la amistad”. De otro lado, Mons. Ocáriz dijo en su carta que “es fácil imaginar el abrazo con el que, después de Nuestro Señor y de la Santísima Virgen, le habrán recibido san Juan Pablo II, san Josemaría y tantos otros que le han tratado y querido en esta tierra”. Vayan estas líneas en homenaje a este hombre bueno y fiel que, como mencionara Mons. Ocáriz: “…era un hombre de fe, y durante toda su vida procuró ser consecuente con lo que creía”.

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