Luis Galarreta
Alejandro Cavero Alva
Editor de Opinión de Lucidez.pe @AlejandroCavero

 

Acabo de terminar de leer un libro del profesor Javier Redondo Rodelas sobre los últimos 43 inquilinos de la Casa Blanca. Es un texto estupendo, donde el autor busca narrar los hitos de los diferentes presidentes de Estados Unidos, poniendo un fino enfoque en sus personalidades, sueños, anhelos y principales logros y fracasos.  No es un mero recuento, sino que trata de expresar a través de sus líderes lo que ha sido el “espíritu” norteamericano a lo largo de sus más de dos siglos.

Lo interesante de este libro, ciertamente, y lo que más me impresionó, sobre todo, fue cómo los periodos presidenciales respetaron escrupulosamente los mandatos de la constitución. No hubieron caudillos que tomaran el poder, golpes de Estado, presidentes usurpadores. Incluso, mandatarios que llegaron a serlo sin jamás quererlo, solo por respetar la institucionalidad y por el momento que les tocó en la historia. Y es que el sentido de deber con la ley es algo que existe en pocos países, sino vean la nueva serie de Netflix Designated Survivor. ¿Ustedes creen que se podría hacer una igual aplicada al Perú? Ciertamente lo dudo.

Si hubo algo en la fundación de Estados Unidos que hizo que este país llegase a ser tan importante, es esta poderosa palabrita: institucionalidad. Los padres fundadores, siendo republicanos o federalistas, respetaron el orden que había establecido la constitución y la ley. Su segundo presidente, John Adams, era un prominente abogado, que vio en la ley y en su respeto la más poderosa de todas las herramientas. Los cuatro principales padres fundadores que llegaron a la presidencia (Washington, Adams, Jefferson y Madison), todos tenían distintos puntos de vista, pero todos cumplían los acuerdos que la declaración de independencia y la constitución establecían. Les gustara o no.

Y es así como mientras Estados Unidos ha tenido 44 inquilinos en la Casa Blanca, en el Perú hemos tenido más de 100 en Palacio de Gobierno. Por alguna razón en América Latina, y con mayor preocupación en el Perú, la ley es algo a lo que la gente le tiene muy poco respeto.

Lo vemos todo el tiempo. Cuando los peruanos no respetamos las normas de tránsito, de convivencia, de respeto a los demás. Y más preocupante aún, cuando despreciamos y desautorizamos a quienes son los responsables de hacerla cumplir: los jueces.

Un aspecto fundamental del Estado de Derecho (pilar de eso que llamamos institucionalidad) es el respeto a las resoluciones judiciales. Algunas nos gustarán, otras no tanto. Pero todas se acatan. Aquí no. Si no nos gusta, salimos a la televisión como el congresista Galarreta y gritamos que este es “el Poder Judicial de la corrupción”. Así, sin ninguna vergüenza.

¿Usted ha visto alguna vez a un representante norteamericano acusar a algún juez de corrupto sin prueba alguna? Bien difícil. Aquí lo hacemos todo el tiempo. Y puede que no nos guste que le hayan dado permiso a Nadine Heredia para irse del país sin autorización judicial (incluso que discrepemos con algún aspecto jurídico), pero la ley es la ley y esta la aplican los jueces.

Podemos criticar políticamente todo lo que queramos a la ex primera dama, pero siempre debemos respetar la autonomía del Poder Judicial para decidir sobre su estatus jurídico. Ese es el juego. Institucionalidad es eso: respetar las reglas. Cuando tenemos picones y llorones que patean el tablero a la primera que no les gustan las reglas, gritando y pataleando que los quienes las aplican son todos corruptos (sobre todo tratándose de representantes políticos) es bien difícil construir un país medianamente serio.

El otro día viendo a Galarreta en la televisión, se me ocurrió que era el ejemplo perfecto de por qué seguimos siendo un país subdesarrollado. De por qué nuestra política está por los suelos y de por qué Estados Unidos nos lleva años luz de desarrollo. Espero usted, querido lector, lo haya podido apreciar de igual manera.

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