concepcion carhuancho
Eduardo Herrera Velarde

Consultor en prevención penal y estrategias de lucha contra la corrupción.

“Amicus Plato, sed magic amica veritas” esta es una frase atribuida a Aristóteles que, más o menos, podría traducirse del modo siguiente: “soy amigo de Platón, pero más amigo soy de la verdad”. La frase guarda en su seno la posibilidad de la discrepancia entre amigos cuando se tiene la convicción de seguir un ideal o valor mayor.

Parafraseo: soy amigo -convicto y confeso- de la lucha contra la corrupción, a la cual vengo dedicando mi vida, aunque siempre seré más amigo de la Justicia.

Respecto a lo sucedido el pasado domingo en este fallo histórico en el denominado caso Obderecht, debo de decir que tengo sentimientos encontrados. Me encuentro satisfecho porque la Justicia de mi país se “atrevió” -como nunca antes- a “faltar el respeto” al poder económico, haciendo real la idea de la isonomía (la aplicación de la Ley igual para todos). No obstante, me encuentro preocupado, molesto e inconforme porque podemos estar llegando al barbarismo jurídico si nos molestamos en analizar con frialdad (ojo, eso supone sin apasionamientos) la resolución en cuestión.

No puedo hablar con suficiencia en relación a las pruebas (indicios) presentados por la Fiscalía. Tengo la impresión que, sin embargo, tienen un caso potente que ha sido debidamente judicializado; es en un juicio en donde creo deberán discutirse -a la luz de la publicidad- si la acusación tiene certeza. Pero, en la “fotografía” que nos toca ver al ocuparnos de la libertad momentánea de una persona, me parece sumamente desproporcionado que se estire la norma para justificar una carcelería a todas luces abusiva. Me detengo entonces y me cuestiono ¿no son las dictaduras las que llegan a interpretaciones raras con tal de imprimir justificación a aquellos actos deleznables? Un Estado de Derecho reconoce, valga la redundancia, derechos incluso hasta el más miserable de los delincuentes; sin alusiones por cierto.

Tengo temor porque la Justicia es una moneda de doble cara, lo que le pasa hoy a estar personas poderosas podría pasarnos a cualquiera de nosotros “ciudadanos de a pie”; sobre todo si sucumbimos ante la ira pública del ajusticiamiento (recuerde esto amigo lector, porque puede pasarle a usted también, Dios no quiera). Aludir, por ejemplo, como lo hizo el Juez Carhuancho, a que el ejercicio de la defensa pueda significar una obstaculización de la Justicia, es eso: justificar, valgan las redundancias, a como dé lugar una detención que merecerá el aplauso del respetable, al mismo estilo de Pocho Rospigliosi “eso es lo que pide la gente”. Pan y circo (¿le suena conocida la frase?). No, cuidadito, cuidadito no vayamos a manchar la pelota como decía el gran Maradona. La Justicia es ciega y por eso no puede mirarse al espejo para decir “qué linda estoy hoy”. Agregaría que también debe ser sorda para no caer en el canto de sirena de la fama.

¿Será que Carhuancho quiere ser Moro? Nunca podrá, porque Carhuancho no es Moro y viceversa. Necesitamos decir que estamos en un Estado que administra Justicia sin protagonismos, sin revanchas, sin discriminación de ningún tipo. En jerga de pasillo judiciales podría decirse que el Juez quiso hacer notar que es “verde” pero diría yo que más bien está cerca de la oscuridad del negro.

Aunque nadie se atreva a decir cosas que son políticamente incorrectas, es mi deber ser amigo de la verdad. Muy probablemente después de esto varios querrán ajusticiarme y aquí estoy, convicto y confeso con mis principios. Eso sí que tire la primera piedra quien esté libre de pecado.

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