año nuevo
Gonzalo Ramírez de la Torre
Director General de Lucidez. Periodista . Autor del libro "Crónica Amazónica" gonzalo.ramirez@lucidez.pe

Tuviste una noche loca. Amanece y la luz parece clavarse en tus ojos. Afuera cantan los pajaritos y, para algunos, la vida ha vuelto a la normalidad. Tú, aunque la juerga ha terminado, sientes que sobre tu cabeza cargas el peso de todas las botellas que anoche pasaron por tus manos, las mismas que hicieron que hoy, junto con las náuseas y la migraña que lacera tu cerebro, tengas apenas un débil recuerdo de lo que hiciste en la fiesta. La juerga terminó, sí, pero ahora llegan las consecuencias.

Así, el 2016 se acabó y, como quien se desprende de un parásito, muchos han celebrado su final, augurando (o por lo menos deseando) un nuevo año más benigno. Y es que el lustro que se fue estuvo, por decir lo menos, cargado de sobre saltos. El 2016 fue una noche loca que, al hacer un balance y contabilizar los daños al amanecer, reparamos en que Donald Trump fue elegido presidente de Estados Unidos, el Reino Unido decidió terminar su matrimonio con la Unión Europea, Brasil se deshizo de Rousseff por corrupta, el Estado Islámico perpetró más ataques que en cualquier otro año, Colombia tuvo percances inesperados en su proceso de paz con los terroristas de las FARC, y, en el Perú no nos quedamos atrás. En la primera vuelta electoral le dimos mayoría parlamentaria al fujimorismo, elegimos presidente a Pedro Pablo Kuczynski, el Congreso censuró de forma matonesca a un excelente ministro de educación (a vista y paciencia de un poder Ejecutivo impávido) y nueva información del caso Odebrecht parece embarrar a tres gobiernos.

Así, queda clarísimo que el 2017 distará de ser una oportunidad para hacer borrón y cuenta nueva, de hecho, todo lo que sucedió en el 2016 empezará a sentirse con particular potencia en este nuevo año, como la resaca de una celebración que se salió de control y cuyos costos posteriores nos causarán más de una jaqueca.

El mundo tendrá que soportar el inicio de un nuevo orden, con fuerzas que, como Trump, buscan combatir la globalización y reforzar las fronteras que los avances tecnológicos han logrado eclipsar. El terrorismo islamista, por su parte, no muestra señales de querer bajar la guardia y con cada año que pasa el mundo occidental se siente más vulnerable, no solo por la sangre que estos grupos derramas sino por cómo su estrategia consigue adeptos en los lugares más inusitados.

En el Perú viviremos, seguramente, la prolongación de lo que han sido estos primeros meses del gobierno de PPK, con una oposición parlamentaria que, luego de la censura a Saavedra, debe sentirse confiada de poder lidiar con el gobierno a su antojo. También la investigación la empresa brasileña Odebrecht podría alcanzar al presidente, que fue ministro en la época de Toledo.

En este año 2017 solo podemos agarrarnos fuerte y prepararnos para vivir la resaca del 2016, las consecuencias de un mal año que podría significar que el novel sea peor.

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