Javier Ponce Gambirazio

Psicólogo clínico, escritor y cineasta. Con siete libros publicados y varios documentales, ha sido catedrático de la Facultad de Psicología y de las maestrías de Medicina y Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.

En la película Todo sobre mi madre, Antonia San Juan interpreta a La Agrado, una transexual que enumera sus operaciones en un monólogo en el que termina diciendo: “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”.

El equivalente sobre los chicos trans lo vi el año 2014 en el Centro Cultural de España en el montaje Desde afuera dirigido por Gabriel de la Cruz y Sebastián Rubio. Un chico nacido con cuerpo femenino relataba las innumerables intervenciones que se había realizado en la lucha por tener el aspecto que coincidiera con su identidad. Pero a pesar de la evidente felicidad, se lamentaba por no poder embarazar a su flaca. Lo más terrible es que no era un personaje. Era verdad. Imposible no conmoverse.

Gabriel de la Cruz se apropia una vez más de la estructura dramática para desmitificar la realidad. El formato se llama Teatro Testimonial y se encuentra a medio camino entre el documental y la ficción. Estamos hablando de Morbo con Beto Ortiz. Inteligente título porque morbo no es lo que verás, sino lo que te hará ir. Ese impulso incontrolado que te obliga a detenerte frente a un accidente y observar con placer el desastre. La miseria ajena puede resultar terapéutica, por eso cuando llegas al lugar de los hechos y no hay nada, sientes una avergonzada desilusión. Sin embargo, en Morbo no te decepcionarás. Hay cadáveres, sangre, miseria, fracaso y dolor. Puedes aplaudir. La dosis de basura sobrepasará tus expectativas. Pero debo advertirte que también encontrarás una inmensa cuota de amor. De contrabando, como todo lo que vale la pena.

Beto Ortiz sabe que la única manera de reconciliarse con la propia oquedad es el humor. Por eso está dispuesto a ser despedazado por la turba con una gran sonrisa. Lejos de esa cámara que permite la higiénica distancia, sin artificios ni cortes de edición, se abanica sobre el cadalso y se somete al exorcismo. Todos creíamos conocer retazos de su vida, pero en esta arena del circo romano fisgaremos más allá de versiones y per-versiones y descubriremos a un despiadado malabarista que, alternando clavas de ternura y ferocidad, se mueve con la misma soltura entre poderosos y marginales. Y para el asombro de muchos, luego de ser perseguido y adulado por quienes podrían hacer de su vida un infierno, prefiere cobijarse en la solidaridad de los escupidos cuyas carencias y ventajas establecen las reglas del trueque más sincero. Beto Ortiz no huyó del encargo, lo enfrentó con responsabilidad y puso en evidencia la carencia de un guion para construir nuestra adultez. Quizás si la generación anterior no se hubiera escondido, no estaríamos condenados a esta orfandad de referentes en la que nos vemos forzados a improvisar.

Por eso la cosa no queda ahí. Además de ser un retrato impecable de toda una época de idiotez y tergiversaciones, Morbo es un llamado a los semejantes a hacer lo propio. Si no tienes escenario, hazlo en tu casa, en un café, con tus amigos, familiares o compañeros de trabajo. Ilumina la oscuridad a la que nos han arrinconado. Somos una comunidad sin marco legal sobre el que construir una vida normal y gran parte de esa factura le pertenece a los demás. El periodista más poderoso de la televisión acaba de hacerlo. ¿Qué esperas? No importa si viviste en el closet, si hay gente que no te quiere o si cometiste más errores que aciertos. Nunca es tarde. Muéstrate cómo eres. La generación que viene te lo agradecerá.

Foto: INÉS MENACHO