Verushka Villavicencio

Interesada en fomentar la creación de una sociedad que incluya en sus servicios y espacios a todas las personas respaldada en la defensa y promoción de derechos.

Es una realidad: no nos enseñan a controlar nuestras emociones. El descontrol de las emociones y la ausencia del respeto al otro han llevado a seis miembros del gabinete británico a ser investigados por escándalos vinculados a denuncias de acoso sexual. Uno de ellos, es el exministro de Defensa británico, Michael Fallon, quien dimitió hace unas semanas debido a la acusación de la periodista Julia Hartley-Brewer. Ella explicó que hace 15 años, Fallon puso su mano sobre su rodilla, durante una cena del Partido Conservador. El mismo exministro se retiró pidiendo disculpas, reconociendo que su conducta, lejos de ser apropiada, no responde al estándar ético que demandan sus funciones.

Sigue en la lista, Damian Green, primer secretario de Estado Británico, quien ha sido denunciado por una activista del Partido Conservador. Un dato revelador es el supuesto consumo de “pornografía extrema” que habría sido encontrado en su computadora hace 9 años, durante una investigación. La pornografía extrema contiene imágenes de mujeres violentadas y asesinadas después de sufrir graves agresiones en sus genitales y puede incluir actos sexuales con animales. Su consumo está prohibido en el Reino Unido desde el 2009. Green ha negado todo, pero continúa siendo investigado porque la periodista Kate Malby divulgó al “The Times” que en una cita en un pub en el 2015, Green le habría tocado la rodilla y enviado mensajes de texto impropios.

Desatada la tormenta, la prensa británica ha publicado una lista de 37 políticos acusados de comportarse de forma inapropiada con personas con laboran bajo su cargo. Es decir, la mujer es valorada como un objeto para su uso y consumo. La etiqueta británica revela su lado oscuro en estos casos.

En Francia, la Secretaria de Estado por la Igualdad de Hombres y Mujeres, Marlene Schiappa, ha lanzado una consulta ciudadana para elaborar un proyecto de ley contra la violencia sexual que estaría listo para el 2018. En una entrevista a la periodista Amapour en CNN, reconoce que su país vive una doble cultura: la Francia romántica y la de la violencia sexual que no es seducción.

Y en otro continente también se desató un huracán. En Estados Unidos, el productor de cine Harvey Weinstein fue acusado por acoso y abuso sexual. Actrices como las famosas Angelina Jolie, Gwyneth Paltrow, Ashley Judd, entre otras, levantaron su voz, divulgando la cicatriz de una herida. Pero lo más inaudito, es el caso del expresidente de Estados Unidos, George Bush (93), acusado por la actriz Heather Lind (34). Ella sostiene que él la tocó por detrás mientras estaba sentado en su silla de ruedas teniendo a su esposa al costado. Esta imagen resume el criterio de “impunidad”, que es disfrutado por todos aquellos que ejercen “poder” en el cuerpo de otra persona.

Todas estas denuncias son la expresión de una necesidad de poner fin a la impunidad. También visibilizan la urgente necesidad de mostrar una cicatriz sin dolor. Ir más allá del ejercicio de la justicia y encontrar paz interior. Es la voz de mujeres que denunciando cierran heridas del pasado.

Pero, violentar a una mujer no es exclusividad sólo de varones. Todo el país escuchó a la congresista Maritza García Jiménez, quien presidió la Comisión Mujer y Familia, afirmando que la mujer puede sacar de “contexto a un agresor que es absolutamente sano”. Responsabilizar a la mujer es la salida que muchas mujeres dan a la violencia. Ese comentario es una expresión de violencia de una mujer hacia las mujeres del mundo que desconoce el aumento del número de feminicidios y que no sólo da la espalda a las cifras, sino a un movimiento internacional que clama por justicia. Esta expresión proviene de una educación que da poder al hombre sobre la mujer para que la convierta en un objeto. ¿Cuántas pensarán que la congresista tiene razón? Para todas ellas los 1001 casos de feminicidios en el Perú -desde el 2009 hasta julio del 2017-, no existen.

Denunciar, a los hombres que ejercen violencia contra la mujer y a las mujeres que dan la espalda a los derechos humanos, es una tarea de toda la sociedad civil. La conquista de derechos es la conquista de la calle. Este año en #Ni una Menos, seremos más personas acompañando el camino a la igualdad.