Director Nacional del Registro del Organizaciones Políticas.

En artículos anteriores publicados por Lucidez, vengo refiriendo acerca de la necesidad de introducir un fuerte cambio en la normatividad que regula a los partidos políticos, de modo tal que la denominada reforma electoral tenga prioritariamente entre sus objetivos fortalecerlos. He de reconocer, no obstante, que quizás ello no sea suficiente.

Sobre la reforma, pocos han definido que es precisamente un partido fuerte, pues muchas veces se confunden los términos y a veces no se distingue entre fortaleza institucional y éxito electoral, conceptos que no siempre van unidos.

Un partido fuerte no es necesariamente el que gana una elección. Ese será simplemente un partido de éxito, el cual es muchas veces es efímero. En los últimos quince años, han alcanzado el éxito y hoy son simples recuerdos partidos políticos como Perú Posible y el Partido Nacionalista Peruano. El primero colocó al ahora prófugo ex Presidente Toledo en la casa de gobierno entre el 2001 y el 2006 y ahora no tiene inscripción vigente en el Registro de Organizaciones Políticas, el otro, permitió al hoy encarcelado Ollanta Humala llegar a la presidencia en el año 2011 y del partido no queda prácticamente nada.

Como podemos advertir, en ambos casos se trató de organizaciones que ya sea por méritos de sus candidatos, de la coyuntura (que incluye la corrupción vía aportaciones de campaña ilegales), del voto “anti” que impera en el balotaje u otras razones, pueden ser consideradas como electoralmente exitosas, sin embargo, la nomenclatura de partido político les quedó grande pues quizás realmente no lo fueron nunca y simplemente actuaban como entes caudillistas carentes por ejemplo y entre otros temas, de organizaciones sociales permanentes que los apoyasen.

Por el contrario, un partido fuerte, sólido, es aquél que en primer término tiene ideología, los partidos se estructuran sobre la base de una idea común, la misma que puede ir adoptándose a los cambios que el paso del tiempo demanda. La ideología decantará posteriormente en ejes programáticos y luego éstos en planes de gobierno a nivel nacional, el cual debe articularse posteriormente de modo vertical a los planos departamental, provincial y distrital. En resumen, un partido serio expone sus planteamientos.

Un partido sólido tiene además líderes, no caudillo ni dueño. El partido debe continuar más allá de la vida política de quien lo fundó

Un partido sólido es aquél que cuenta con efectiva militancia activa arropada en bases a nivel nacional, que abren sus puertas a la ciudadanía, recoge sus malestares y propone soluciones. Es aquél que adopta una posición firme y decidida ante los temas sociales y políticos y no aquél que se esconde en el anonimato y solo reaparece en la escena política cada 4 ó 5 años, un partido sólido cuenta con cuadros directivos que son constantemente capacitados y renovados periódicamente mediante elecciones internas.

Un partido sólido es un partido democrático y como tal, participa en la vida política del país siendo parte de todos los procesos que se convocan y lo hace con candidatos propios, no con outsiders. Un partido sólido lleva manera ordenada y sobre todo transparente sus finanzas.

Como puede apreciarse, muchos de los requisitos que propongo como características propias de un partido sólido, no pueden aprobarse por Ley, pues estos son inherentes a la organización política, la cual se encuentra en la obligación (moral) de adoptar los principios democráticos de la sociedad de la que es parte.

Lamentablemente, la única vía que nos queda en la práctica para lograr este anhelado fortalecimiento pueda darse por la vía legislativa, procuremos entonces que las medidas que se adopten no acaben siendo un mero parche, un dedo que cubre una grieta que amenaza con romper y desbordar la presa.

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