odebrecht
Eduardo Herrera Velarde
Consultor en prevención penal y estrategias de lucha contra la corrupción.

Este no será un artículo de crítica, será un artículo – como dice el título – de oportunidad.

El caso Odebrecht, el gran escándalo corporativo de moda, nos llegó como un regalo de navidad precisamente del norte. Y no es que la Justicia estadounidense sea el edén; pero valga decir que es muy efectiva. Desde hace un tiempo que los Fiscales de ese país – porque les pusieron metas concretas para generar investigaciones – han iniciado buenos casos que han ido en marcado crecimiento: HSBC, FIFA y ahora Odebrecht. Sospecho además que la lista aún seguirá.

Genuinamente se trata de una oportunidad. Oportunidad de desafiar a nuestro propio sistema de administración de Justicia. Siempre he sido un ácido crítico de nuestro sistema; sin embargo, veo que se está organizando mejor – al menos en ese ámbito anticorrupción – y tiene profesionales mucho más eficientes.

Oportunidad para nuestro Estado – no digo gobierno solamente – para demostrar que no es tolerante con la corrupción. Jugársela decidida y abiertamente es una apuesta. Bien aplica el dicho “quien nada teme nada debe”.

Y es sin duda alguna una oportunidad para la empresa pues Odebrecht, feliz o fatalmente según se vea, era eso, una empresa.

Las creaciones humanas, casi todas, nacen para un determinado fin y pueden ser – inmediatamente – variados según voluntad. La empresa nace como la necesidad de dividir – y hacer eficiente – el trabajo. Que exista una empresa que se porte mal, no quiere decir que todas sean criminales. Por eso es una oportunidad.

Finalmente, es una oportunidad para todos nosotros que andamos tirándonos el pato en este tema. Muy pocas veces se trasluce lo que es una práctica cotidiana en nuestro país. Si eso no nos mueve, ya muy pocas cosas lo harán.