Eduardo Herrera Velarde
Consultor en prevención penal y estrategias de lucha contra la corrupción.

En toda discusión sobre un  problema que se precie de ser importante para nuestra realidad nacional siempre habrá una persona que sugerirá una Ley para solucionarlo. Para que una Ley sea eficaz (es decir para que se cumpla) tienen que existir dos condiciones ineludibles: 1) que exista alguna persona que la haga cumplir y 2) que exista una persona que quiera cumplirla.

Al primer requisito se le llama Institucionalidad. Las instituciones las forman personas. Por ejemplo, si una mujer acude a la Comisaría  a denunciar que ha sido maltratada y el encargado se niega a recibir la denuncia, ¿ quién actuó mal ? ¿ la institución policial ? No, la institución per se no existe; fue el policía que – en ese caso – representa y da vida a la institución.

El segundo elemento es más crítico. Las normas están dirigidas a controlar la vida de las personas y más allá de si eso es bueno o malo, lo cierto es que quienes deben cumplirlas son – a no dudarlo – personas. Por ejemplo, si la luz del semáforo ha   cambiado a ámbar   ¿ se puede pasar con el auto ? Sí, se puede; pero no se debe. Esta sutil diferencia entre poder y deber es la que hace que una persona cumpla o no.

Concluyo. Los problemas no se solucionan con Leyes. Si es un lector sagaz como seguramente lo es, habrá podido advertir que hay una palabra que he nombrado mucho en este artículo…sí, hay que trabajar en la persona.