Resulta innegable que el país atraviesa una crisis educativa de gruesas proporciones. Lo que va del año se ha caracterizado por huelgas que han durado no pocos días y que se han llevado a cabo en muchas regiones del país, sino todas. Por un lado, el resultado de esta situación, a nivel social, podría ocasionar que miles de estudiantes pierdan el año escolar; pero, a nivel político, lo único que generará es el cambio en el mando del Ministerio de Educación. En este sentido, la posible renuncia o censura contra Marilú Martens se percibe cada vez con más ahínco.

Desde el Gobierno, se ha dado una solución que es, en realidad, el cumplimiento de una promesa que venía desde el 2015: El aumento del piso salarial a los dos mil soles. ¿Qué tan cómoda podrá ser la vida de un profesor(a) que debe sostener económicamente a su familia en un país donde los precios de bienes y servicios están en continuo aumento? La solución brindada no es más que un caramelo. La promesa de campaña resulta descontextualizada, de manera que el piso salarial debería aumentarse aún más.

En otra mano, preocupa sobremanera los efectos de esta crisis sobre la educación de los escolares. Varias generaciones saldrán afectadas si no se logra pronto el acuerdo y reconciliación entre el Magisterio y el Gobierno. De todo esto, vale señalar, es intolerable que un sector pretenda eliminar las evaluaciones, como quien no quiere superarse y ser mejor.

Llegado a este punto, razones sobran para entender que las acciones adoptadas por el Minedu en los años más recientes no han tenido como foco principal mejorar el Magisterio, tanto en las habilidades y las condiciones de vida de profesores, como en la infraestructura y la calidad de Educación. Eso de que avanzamos uno que otro escalón en la prueba PISA es a simple vista un engañamuchachos. De manera que, todo parece indicar que aquel saavedrismo (o Reforma Educativa) que con insistencia se aplaudía hasta hace unos meses no iban por buen rumbo. Aquel ministro que logró trascender del humalismo y pasar a las filas del ppkausismo porque supuestamente estaba haciendo bien las cosas, no las estaba haciendo. Las constantes marchas que venimos teniendo desde 2016 y que han implicado el cambio de ministro (dos en menos de un año), no tienen otra explicación que una gestión infructuosa por parte de quienes han tenido bajo su mando el Ministerio de Educación en los últimos años.

Todos saludamos con orgullo que un peruano de la talla de Jaime Saavedra integre hoy en día el staff de directivos del Banco Mundial como Director en Materia de Educación. Es un logro que nos motiva a aspirar a lo más alto. Pero eso no está en discusión, sino el caótico estado en el que se encuentra el sector que presidió hasta diciembre de 2016, fecha en que coincidentemente se estrenaron una serie de protestas que no han parado hasta hoy, estemos o no de acuerdo con los objetivos detrás de ellas.

Así las cosas, el saavedrismo no era nada. Pareció serlo pero nunca fue. ¿Qué tan buen gestor eran Jaime Saavedra y sus últimos predecesores? La respuesta la podemos escribir pero se puede encontrar a detalle y todos los días en la Plaza San Martín.

El cumplimiento de la promesa de campaña es insuficiente y está estancado en el contexto que se vivía en 2015: El aumento en los precios de bienes y servicios, generado en parte por el Niño Costero pero también por la desaceleración del crecimiento económico, deberían conducir a mejores propuestas. El aumento del piso salarial, tal y como está formulado, todavía no le dará bienestar mínimo suficiente para el docente, ellos lo saben bien, pero el Estado lo ignora.

Si el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski aspira a que el Perú integre la OCDE en los próximos años, debería observar qué tan bien valorado está el oficio magisterial en los países que la integran: El promedio de la remuneración anual de los profesores en los países de la OCDE es de US$ 28.854, lo que se traduce en soles por mes en poco más s/.8175.00. Los insignificantes dos mil soles no son nada, pues. Por eso, la huelga continúa.

Sumado a ello, sí es un acierto mantenerse firmes en las evaluaciones, pero no está allí el problema de fondo. En las capacitaciones es donde el Maestro mejorará realmente. Fortalecerlas a través de nuevos recursos y métodos debería ser la principal preocupación del Minedu.

Finalmente, el Gestor. Es necesario y urgente un quiebre con el Saavedrismo. La oposición lo denunció apenas iniciado el Gobierno de PPK y todos quisimos creerle y optar por el continuismo. Pero, a veces, es necesario un encargado que tenga más mano política que técnica. Y en esto, a su sucesora, Marilú Martens, le han cortado ambas manos.

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